Un día, estando yo solo decidí acercarme para ver como reaccionaba, ya habían pasado unos años y había crecido lo suficiente como para enfrentarme a él... Y nos pasamos toda la tarde jugando.
Ahora está mayor, pero no se le olvida venir a la puerta a recibirme para que le acaricie el hocico, no se le olvida venir a que le saque las moscas de la oreja, intentar abrazarme o simplemente venir conmigo a la piscina, no se le olvida beber el agua de la misma y sobre todo no se le olvida todo el tiempo que pasamos juntos. El hecho de olerme le recuerda todo cuanto hemos vivido, así como el hecho de acariciarlo me lo recuerda a mí... Y no importa que tenga 14 años, siempre volvemos a jugar como siempre.
Ahora lleva una vida más relajada y tranquila, pero un león jamás olvida su rugido. Por todos los momentos y por enseñarme que los más grandes ejemplos no están siempre en las personas... GrrrGuauBau! (Gracias)
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TÍO, ESTA ENTRADA ES PRECIOSA! :')
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