Siempre me dijo que lo era. Yo le decía que no y que no, pero ella insistía hasta que un día le dije que de acuerdo. Que yo era el sol. Pero que ella era el cielo.
Jamás en la vida había decidido tan bien el rol de una persona. Yo seré un sol. Pero necesito un cielo para salir. Yo siempre estaré ahí aunque las nubes me tapen. Pero el cielo lo es todo, sin el no tendríamos nubes, no tendríamos luz, no tendríamos oscuridad... En definitiva, no somos nada sin cielo. El cielo nos guía, nos ubica. Aún cuando más desorientados estamos, recurrimos a él. Siempre nos protege. Siempre nos rodea. Eres porque el cielo quiere que seas.
Y yo, que definitivamente asumí mi condición de sol, me dedico a salir y a brillar... Brillo porque el cielo hace que brille. Brillo por el cielo. Brillo por tí. Me haces brillar.
Sin ti yo no.

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