Hay días en los que me tumbo en pantalón corto, veo mis piernas y me pregunto: por qué? Por qué sigo en esto?
El otro día las ví de nuevo y me hice la misma pregunta y mi retina, subconscientemente, hizo una recopilación de todos y cada uno de los 200 momentos que me ayudan a continuar en esto. Ellas y yo hemos pasado por mucho. Hemos sentido el frío de invierno, hemos notado la lluvia con viento, hemos vivido el infierno del verano, hemos perdido con dolor, hemos ganado con honor, hemos caído y nos hemos levantado. Pero sobre todo hemos hecho goles.
A veces pienso que he hecho tanto que podría irme ahora mismo sin que me importase. Pienso que ya he vivido todo lo que una persona puede vivir y sentirse satisfecho con ello y me digo a mí mismo: "Ya está. Puedes dejarlo."
Tal vez ese sea el camino fácil. Como todos aquellos caminos que puedes tomar cuando te dicen que no vales. A mi siempre me lo dijeron y, al final, nunca acertaron. Valía. Claro que valía. Crecí en la escuela del no podrás, entrenábamos con balones que pesaban más que nosotros y nadie apostó nunca por mí. Pero eso en su momento sólo me dio alas. Una vez mi padre me dijo que lo dejase, que no estaba hecho para esto. Le miré con odio y me prometí a mi mismo que le haría callar. Un día, en una final de copa, marqué. Me acerqué a el y con el dedo en la boca lo mandé callar ante su sorpresa. Ahí me di cuenta de que tenía el poder de decidir sobre quién era y quien no.
Al fin y al cabo... Todos tenemos el poder de decidir quiénes somos llegado el punto. Si ahora me fuese, si ahora abandonase... No sería quien nací para ser, ni quien quiero ser. Si no soy yo mismo ya no me queda nada. Da igual que esto solo sea fútbol. Bill Shankly dijo una vez que el fútbol no es cuestión de vida o muerte, es algo más que eso. Tenía razón. Fútbol es todo.
Ahora mismo tal vez no atraviese un buen momento pero... Ya nos caímos una vez. Ya estuvimos en el infierno una vez. Y volvimos. Volvimos para hacer lo que mejor sabíamos hacer. Goles. Ya sentimos las lesiones, ya sentimos los desprecios. Ya vivimos bajo la presión del que tiene, por obligación, que hacer cosas. Hemos vivido tanto que ya nada puede sorprendernos. Y es en estos momentos donde la veteranía y la experiencia deben primar. Es en estos momentos donde más veo quién fui y donde recuerdo quién debo volver a ser. Toca volver, por ambición, por orgullo propio y, ante todo, porque puedo.
Entonces... Por qué sigo con esto? Cuando descubra dónde está exactamente mi techo os responderé. Mientras tanto... Correré lo más rapido que pueda, driblaré lo más rápido que pueda, tiraré lo más preciso que pueda, presionaré lo más asfixiantemente que pueda y, sobre todo... Sonreiré. Sí. Sonreiré... Juro que sonreiré.
Levantémonos.
Hay un rey en mí. Y voy a volar...
No hay comentarios:
Publicar un comentario