28.12.12

el jardín es tuyo; tú eres el jardín

Hoy salí de casa con Sara como cualquier otro día. Bajamos por mi casa mientras ponía la música, ella se quejaba de las alfombrillas... Lo de siempre. Llegados a la avenida del aeropuerto nos adentramos en ella cuando mis retinas, sin yo haberlo deseado, fotografiaron una imagen que a estas horas y en estos momentos aún tengo grabada en mi cabeza. Un hombre sostenía sentado en la acera con la cara y la ropa ensangrentadas el cuerpo de un perro, un Yorkshire, recién atropellado, mientras el autor del atropello miraba detenidamente la defensa de su Peugeot Partner para encontrar cualquier tipo de desperfecto que seguramente reclamaría al ya de por sí dolido dueño. El hombre lloraba desconsolado ante la pérdida de su amigo. En aquel momento tanto Sara como yo deseamos que saliese alguien diciéndonos que la cámara oculta para ver nuestra cara estaba a la vuelta de la esquina. Que todo había sido un montaje... Pero no lo fue, no hubo montaje, no hubo inocentes... No hubo vuelta atrás.

La situación no presenta complicación alguna para una mente humana despreocupada del mundo en el que vive. Al fin y al cabo perros hay muchos, podrá comprar más... Y todo eso... Pero, ¿no es sino esta estampa un fiel reflejo de la vida? Es posible que un día cualquiera vayas caminando por la calle con un amigo y de repente suceda un infortunio que no puedes controlar... En esa fracción de segundo habrás perdido todo. Todo. No habrá manera de recuperar el tiempo perdido y por mucho que tu amigo se eche las manos a la cabeza no volverá a verte. Pero, permíteme darte un consejo: Rodéate de gente que en tu último aliento te rodeen en sus brazos sólo para hacer que te sientas protegido. Ah, y también permíteme desengañarte: quien te haga daño no valorará tu estado tras su acción, quien te haga daño lo hará en un acto egoísta y debes saberlo. Hoy, como ayer y antes de ayer es el primer día de tu nueva vida. ¿En qué vas a invertirlo?

Ah, se me olvidaba una cosa... Toda acción o todo suceso diario no siempre va regido por una casualidad meramente matemática. Todo está dispuesto de manera que puedas evolucionar... Por lo cual, aún sin conocer el nombre, sin conocer la personalidad ni tan siquiera si le hubiese caído bien, recordaré a aquel pequeño Yorkshire que tuvo que pasar a mejor vida para que yo aprendiese una lección por la vía dura. Y de verdad que la aprenderé pequeño amigo. De eso puedes estar seguro.

1 comentario: