17.12.12

PLAS PLAS PLAS clic

Fue en Baiona, ¿recuerdas? Me pediste que lo hiciera sumamente rápido y yo, inexperto, lo hice con cuidado, con mucho cuidado... ¡¡Y con mucho dolor!! Vacié todo lo que tenía dentro de tí y lo agradeciste mucho. Te animaste, corriste, hasta jugamos al fútbol y casi me ganas. Conforme pasó el tiempo fui mejorando en el arte, te golpeé mejor, fui más rápido, descargué antes... Y tú cada día lo agradecías más y estabas más eléctrica. Ahora para mí ya me resulta algo totalmente rutinario y lo hago sin despeinarme... Ya no me corto y lo hago rápido e indoloro.

(si crees que has conocido buena parte de mi vida sexual, por favor, sigue leyendo)

Cuando me dijiste que tu cuerpo no producía B12 y que tenías que inyectártela por tí misma quise ayudarte y me ofrecí a pincharte yo mismo. Nunca te pedí perdón pero sé que lo pasaste excesivamente mal al principio. ¡Lo siento! Traté de hacerlo lo mejor posible y creo que con el tiempo lo conseguí. Un día, en la Maceiriña... Eso sí lo recordaré toda la vida... Derramaste lágrimas recordando todo lo que habías pasado. Yo las derramé contigo, como para no hacerlo. Siempre me dijiste que eras defectuosa. Siempre me dijiste que estabas enferma. Siempre me negué a creerte y siempre te odié cada vez que decías aquello. Mientras tanto yo, impotente de mí, solo podía ser el intermediario entre tú y tu energía normal. ¿Qué haces cuando amas a alguien y no puedes hacer nada para ayudarla?

Qué te voy a contar... Odié a la naturaleza, odié al mundo, odié a las vitaminas y me odié a mí mismo por no poder hacer nada. Pero un día antes de entrenar estábamos en el vestuario y te pinché como cualquier otro día más. Terminé, miraste para mí y me dijiste: Tienes mala cara amorchi... Yo te dije que estaba muy cansado y bastante desanimado a lo que, sin mediar palabra, contestaste con un abrazo y un beso de esos que te dejan sin aliento. Tras eso, salimos juntos del vestuario corriendo, mientras te llevaba a caballito y tú me pegabas... Luego me perseguiste y me dabas golpes con la cadera... Tú y yo teníamos la misma energía. Tú por las vitaminas y yo por tí.

Así que... Te diré algo que no te dije nunca hasta ahora. No eres diferente por esa circunstancia. No estás enferma por necesitar algo ajeno a tí. Al fin y al cabo, yo también lo necesito. Te necesito. Eres mi pinchazo semanal de energías y, como ya sabes, muchas de las cosas no serían posibles sin ese pinchazo, ¿verdad? Muchas de las cosas no serían posibles sin tí.


Te amo Sara.

No hay comentarios:

Publicar un comentario