Hablo de ese intenso segundo, que se resbala... Ese segundo que es eterno y que presagia el estallido. Ese es el segundo previo a que el mundo se coloree: el cielo es más azul, sus ojos brillan más... El césped es más verde, su cara ilumina...
Hablo de ese segundo eterno en el que mis palabras se escapan y se hace el silencio... Ese segundo vacío que me enseña lo perfectamente increíble que es lo siguiente que va a suceder. Ese segundo que duele, que duele porque te llena, que duele porque te hace feliz.
Hablo de ese segundo en el que los recuerdos sobrevuelan la mente en tropel y forman una película de instantes, matices, momentos... Es en ese segundo donde ella está siempre presente. El segundo nos aleja, para darnos todo lo que somos seguidamente. Hablo de esa puta separación entre cielo e infierno, hecho en un jodido segundo. Un maravilloso jodido segundo.
Hablo de ese segundo impaciente que lentamente se consume, ese segundo que aun no queriendo vivirlo tienes que vivirlo para entender la vivacidad de lo siguiente. Hoy hablo de ese segundo en el que encerramos todos nuestros recuerdos, todo nuestro amor... Ese segundo previo a su risa, posterior a mi tontería... Y tras ese segundo... Ella sonríe.
Y cuando ella sonríe todo lo demás... Está de más.

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